13.05.2020

Los gobiernos latinoamericanos están en una competencia con el crimen por la construcción de Estado. ¿Cómo cambia la COVID- 19 el juego?

Le preguntamos a Vanda Felbab-Brown y Ariel Ávila, expertos en el tema, sobre cómo ven la dinámica del crimen organizado en esta coyuntura de pandemia.

Teniendo en cuenta la presencia y el impacto de las organizaciones criminales en América Latina, le preguntamos a Vanda Felbab-Brown y Ariel Ávila, expertos en el tema, sobre cómo ven la dinámica del crimen organizado en esta coyuntura de pandemia. Esto fue lo que nos dijeron.

FES: ¿Es posible identificar ya algunos efectos de la pandemia sobre la actividad del crimen organizado en América Latina? ¿Cuáles serían esos efectos y cuáles son los mercados ilegales más afectados por la pandemia?

Vanda Felbab-Brown: En lo inmediato, algunos mercados de drogas han tenido problemas para mover las sustancias a través de las fronteras que han sido cerradas. En particular, el suministro de precursores químicos desde China para la producción de metanfetamina, fentanilo y otros opioides sintéticos se ha visto afectado. Los cierres de fronteras van a impulsar innovaciones en este campo, como por ejemplo el uso de drones para transporte y entrega de drogas y precursores. Por otro lado, el crimen callejero, de naturaleza predatoria, también ha bajado, pero esto no va a durar mucho, es un efecto efímero.

Ariel Ávila:  Aun no hay claridad. Sin embargo, se puede hablar de tres posibles efectos a corto plazo. Por una parte, el renglón de la economía más afectado con la pandemia es el de la hotelería y el turismo, y es posible prever la quiebra de muchas empresas turísticas pequeñas y medianas. Eso puede llevar a que los narcotraficantes compren a bajo precio esas empresas y hoteles, lo cual les permite lavar mucho dinero. Segundo, en la medida en que la fuerza pública se ha concentrado en los centros urbanos para atender la emergencia de la COVID-19, sectores rurales han quedado descuidados. Esto facilita el avance y la actuación de las organizaciones criminales. En Colombia esto se ve con claridad en la frontera con Venezuela y en la Costa pacífica. Tercero, para el caso colombiano, el asesinato selectivo de líderes sociales y excombatientes de las FARC sigue y su ritmo se ha incrementado. Y como el coronavirus ha consumido la agenda pública, estos homicidios quedan aún más en la impunidad.

FES: Se habla en muchos medios del papel que algunos grupos criminales organizados están jugando en el contexto de la pandemia: aplicación de cuarentenas, distribución de bienes y servicios a comunidades vulnerables en las zonas en las que operan, por ejemplo. ¿Cómo analiza estas actividades, la motivación de los grupos para llevarlas a cabo y sus consecuencias a mediano plazo, tanto en términos sociales y de seguridad como en relación con el papel del Estado frente a esas comunidades?

VFB: Muchos grupos criminales buscan dominar no solo por medios violentos y brutales, sino también construyendo capital político y legitimidad frente a las poblaciones locales. En América Latina y alrededor del mundo esto ha ocurrido por décadas. La COVID-19 va a ayudarlos a fortalecer su capital político, pero la cuestión de qué tanto lo logren depende mucho de si los estados logran desempeñarse mejor que ellos, y de cómo los grupos criminales equilibren sus acciones violentas, como la extorsión, con la provisión de servicios.

 

AA: En Colombia hay dos fenómenos a este respecto. En zonas de periferia del país, principalmente rurales, en las que la guerrilla del ELN y otras estructuras armadas ilegales obligan a la población a cumplir la cuarentena y establecen regulaciones al comportamiento ciudadano. A nivel urbano, en ciertas zonas estos grupos han asumido un comportamiento algo similar, pero menos visible y no tan constante. La entrega de ayudas como mercados o utensilios de aseso aún no se ha reportado.

 

FES: Teniendo en cuenta la capacidad de adaptación del crimen organizado a los cambios políticos, legislativos e incluso económicos, ¿se observan ya nuevas formas de operación (por ejemplo a través del Internet o de nuevos mecanismos de lavado de dinero) en este contexto de pandemia?

VFB: Alrededor del mundo ha habido un gran aumento en el crimen virtual, como las páginas web fraudulentas que fingen vender insumos médicos, el robo de números de identidad y de tarjetas de crédito, lo que ha reemplazado parte del crimen predatorio callejero por crimen en predatorio en línea. Las favelas brasileras son lugares en donde ya se origina mucho fraude virtual y su prominencia en estos espacios solo se reforzará y potencialmente tendrá un efecto más permanente.

AA: Se han observado tres fenómenos. Uno, los delitos cibernéticos, como los fraudes financieros, se han incrementado, algo predecible ante el aumento de las compras por internet. Segundo, se han comenzado a desarrollar servicios ilegales a domicilio: el envío de droga a las casas, los servicios de prostitución, entre otros, lo que además significa que los criminales ya conocen los domicilios de muchos de sus clientes. Por último, el consumo de servicios como los de sexcam, muchos de ellos manejados por redes criminales, ha presentado un aumento impresionante por parte de la ciudadanía.

  
FES: ¿Es posible que los niveles de violencia asociados al crimen organizado se reduzcan en esta época? Si eso ocurre, ¿cree que puede abrirse un espacio político para la formulación de políticas públicas que se enfoquen más en la reducción de violencia que en la reducción de los mercados ilegales?

VFB: Ha habido una respuesta uniforme por parte de los grupos criminales hacia la violencia: en Centroamérica, en donde es impulsada por las disputas entre maras y pandillas, la violencia ha tenido una caída grande. Por el contrario, en México continúa rompiendo récords. En Colombia solo el ELN declaró un cese al fuego temporal, mientras que las disidencias de las FARC y otros grupos criminales han agudizado la disputa de las rutas de tráfico más codiciadas. A medida que las restricciones de movilidad por la COVID-19 se reduzcan, el crimen callejero regresará, sobre todo teniendo en cuenta que las medidas adoptadas contra la pandemia van a generar un aumento de la pobreza. Pero si la violencia se reduce como resultado de la decisión de un grupo criminal, los gobiernos deberían reforzar las treguas y los ceses al fuego, y enfocarse en los individuos, facciones y grupos que son los primeros en recurrir a la violencia, y buscar detenerlos antes de que sumerjan todo el ámbito criminal en la violencia y las autoridades y fuerzas de seguridad se vean sobrepasadas.

 

AA: Nuevamente depende del contexto. Para el caso de Colombia, a nivel rural la guerra ha seguido su ritmo y de hecho la violencia contra líderes sociales y excombatientes de las FARC se ha incrementado. Las dinámicas de violencia en esas zonas siguen constantes. En zonas urbanas se ha visto una reducción sustancial de la violencia, impulsada principalmente por el crimen pequeño, como el de las pequeñas bandas dedicadas al hurto. También la violencia entre pandillas y combos ha caído. Pero la reducción en la violencia se debe a una mezcla de todo tipo de crimen, desde la delincuencia común hasta los combos.

Con respecto a la política pública, claro que hay espacio, pero eso no es prioridad para el gobierno actual y tampoco hay muchos recursos disponibles dado que todo se ha ido para la emergencia de la COVID-19.

 

FES. ¿Cómo deberían prepararse los aparatos de seguridad y justicia de los estados en América Latina para enfrentar al crimen organizado en este nuevo contexto de pandemia?

 

VFB: Mencionaría dos grandes lecciones: 1) Los gobiernos latinoamericanos tienen que darse cuenta de que están en una competencia con el crimen por la construcción de Estado y deben luchar para conseguir el apoyo de las poblaciones locales. Para ganar necesitan volverse mejores proveedores de seguridad, orden, resolución de conflictos, empleo y servicios que los grupos criminales. 2) La pandemia fue generada por el tráfico y comercio de vida salvaje. Junto con la deforestación, estos han sido grandes fuentes de otras pandemias zoogénicas. Mientras que los gobiernos, en particular el de Bolsonaro, han sido cómplices de la deforestación, todos han ignorado por completo la caza furtiva y el tráfico de vida salvaje que ocurre en América Latina y que se ha incrementado enormemente. Los gobiernos necesitan darse cuenta, por fin, de que una mejor conservación de la vida silvestre está en el centro de la seguridad pública más básica.

 

AA: No es muy claro aún si habrá un nuevo contexto y si habrá un nuevo crimen después de la pandemia. Lo cierto es que algunos problemas que ya existían han explotado en las manos de los gobernantes y requieren atención inmediata. Ejemplos concretos son el sistema carcelario y penitenciario, literalmente incendiado, y la trata de personas, mercado ilegal que se ha disparado con la migración venezolana.

FES: En su opinión, ¿es cierto que este (y no los años 80) es el momento más grande del narcotráfico en Colombia, como lo indicó un periodista inglés recientemente?

AA: En este momento Colombia tiene 212.000 hectáreas de hoja de coca, la cifra más alta en la historia del país. Se producen alrededor de 1.200 toneladas de cocaína al año. Antes de la crisis los precios internacionales tenían un comportamiento positivo. Es decir, Colombia está inundada por los dineros de narcotráfico y estos sectores se beneficiarán de la actual crisis. 

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